(Akira Kurosawa, 1963)
High and Low es una de esas diez películas que pondría en una lista de las tres mejores de Akira Kurosawa. Mejor traducida del japonés como Cielo e infierno, la película narra el secuestro del hijo del chófer de un alto ejecutivo en medio de un intento por tomar el control de su empresa, con una demanda de rescate de una elevada suma.
Lo que más me atrae de esta obra maestra es el blocking, es decir, la puesta en escena actoral. En el teatro, es la herramienta principal de representación: al haber «una sola cámara fija», la posición y movimiento de los actores en el escenario es fundamental para convertir el texto dramático en una experiencia visual. En el cine, el blocking pierde peso, pues contamos con múltiples cámaras, ángulos, movimientos, elipsis y otros recursos. Sin embargo, los grandes autores no ignoran esta herramienta, sino que la suman a su arsenal: Stanley Kubrick, Alfred Hitchcock, Orson Welles, Steven Spielberg y, por encima de todos, Akira Kurosawa. Entre todas sus obras, High and Low brilla con luz propia.

En este fotograma, vemos al empresario Kingo Gondo (el actor fetiche Toshiro Mifune) en un extremo del encuadre, mirando al suelo, mientras que su asistente, Kawanishi (Tatsuya Mihashi), se sitúa en el otro extremo, mirando en dirección opuesta. Máxima distancia e intenciones: es la imagen de la traición. Esta escena podría parecer forzada si no fuera porque Kurosawa parte del siguiente fotograma donde permite que los personajes se vayan desplazando de forma orgánica para ir abandonando el encuadre y dejar a Gondo y Kawanishi solos.

En la escena de la llamada telefónica, cada personaje ocupa una posición específica, y cualquier cambio alteraría su significado. Gondo, en el centro de atención. El inspector, de frente, encarando abiertamente la situación. El chófer, en segundo plano, afectado por la angustia. Y el asistente, tramando a sus espaldas. El encuadre es un tablero de ajedrez, y Kurosawa sitúa cada pieza con una precisión absoluta.

Aquí tenemos el dilema de Gondo representado en un encuadre. De izquierda a derecha:
- El asistente, que le aconseja no pagar el rescate y priorizar la adquisición de la empresa.
- Los detectives, que abogan por mantenerse dentro de la legalidad.
- La esposa y el hijo, con una mirada empática hacia la situación del niño secuestrado.
- El chófer, desesperado, suplicando que se pague el rescate.
- Y Gondo con la mirada perdida, sopesando todas las alternativas.

Tres situaciones escogidas al azar, pero que podrían ser cualquiera de las secuencias de la película, tanto en el cielo (el lujoso apartamento de Gondo) como en el infierno (los bajos fondos de Yokohama), representados en el siguiente fotograma.

El desenlace del film bebe directamente de Crimen y castigo (Fiódor Dostoievski, 1866). Más que condenar al secuestrador, Kurosawa empatiza con él. Gondo no muestra furia; más bien, acepta el dolor del pasado y mira hacia el futuro (¿una alegoría del Japón después de la Segunda Guerra Mundial?). El último fotograma nos deja a Gondo enfrentándose a su propio reflejo, igual que nos deja a nosotros: reflexionando.

¡Maestro!
Todos los fotogramas de 天国と地獄 (1963), Akira Kurosawa © TOHO



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