Nostalgia (Andrei Tarkovski, 1983)

Nostalgia es la penúltima película de Andrei Tarkovsky, la primera filmada en el exilio. Este largometraje, infravalorado por encontrarse entre dos obras maestras como Stalker (1979) y Sacrificio (1986), narra la historia de un poeta ruso, Andrei (Oleg Yankovskiy), y su intérprete, Eugenia (Domiziana Giordano), quienes viajan a Italia para investigar la vida de un compositor del siglo XVIII.
La Italia que nos muestra el director ruso dista mucho del tópico luminoso y mediterráneo. Es una Italia en penumbra, oscura. En realidad, no es Italia, sino la visión de su tierra natal rusa desde la distancia, a través de la nostalgia.
El fotograma que motiva esta reflexión pertenece a la secuencia donde vemos a Andrei en su habitación de hotel buscando el interruptor de la luz en el lado equivocado de la pared. Su desorientación y sensación de alienación quedan representadas en un detalle apenas perceptible. Lo que en tu propio hogar es un acto inconsciente y automático se convierte en un gesto absurdo. En una habitación de hotel, perdemos las referencias de nuestra cotidianidad: el crujir de la madera, el murmullo de las cañerías, el bullicio del exterior. Sonidos que nos transmiten una familiaridad cuya ausencia nos lleva al desasosiego.
Viajar con billete solo de ida, despedirse sin una fecha cierta de reencuentro, habitar un espacio extraño es alejarse de uno mismo para mirarse desde la distancia, con perspectiva. Nos reconocemos desde la lejanía sin la ceguera de esa inmediatez que nunca recuperaremos del todo a nuestro regreso. Y aquí es donde entra el cine pues gracias al él yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Vi naves de ataque en llamas más allá del hombro de Orión, miré rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Es más, desde Atlanta, puse a Dios por testigo que nunca más volvería a pasar hambre, supliqué a Stella que bajara una escalera de Nueva Orleans y empecé una hermosa amistad en el aeropuerto de Casablanca. Viajé al retro-futuro del 2001 y silbé al lado brillante de la vida en el 33 d.c., en Jerusalén.
Podemos y debemos alejarnos de nosotros mismos viajando físicamente o a través del cine, instalándonos en la nostalgia por lo que dejamos atrás. La nostalgia es un viaje imposible al pasado, el espejismo del regreso interrumpido por el dolor de no poder regresar. Un dolor más soportable, sin embargo, que la nostalgia por los lugares donde nunca estuvimos o por las películas que nunca vimos.

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