24 mentiras por segundo…

…al servicio de la verdad o la búsqueda de ella

Wim Wenders (1984)

«Conocía a estas personas. Estaban enamoradas. La chica era muy joven, tenía unos 17 o 18 años, creo. Y el hombre era bastante mayor. Era un poco desaliñado y salvaje. Y ella era muy hermosa, ya sabes…»

Travis

Un hombre camina por el desierto sin saber quién es. Su hermano lo encuentra y lo ayuda a recuperar la memoria de la vida que llevaba antes de abandonar a su mujer y a su hijo cuatro años atrás. Paris, Texas es una road movie sobre la redención, la presencia del vacío y las soledades compartidas.

Para sobrevivir, necesitamos encontrar un lugar donde desconectar del ruido exterior, donde mirar hacia dentro, reconstruirnos y volver con la energía recuperada para afrontar la realidad. Para mí, París, Texas es ese lugar: un estado mental al que regreso una y otra vez cuando el ruido se vuelve insoportable. De hecho, ni siquiera necesito ver la película para habitar  Paris, Texas; me basta con escuchar la maravillosa banda sonora compuesta por Ry Cooder. El slide deslizándose por el mástil de la guitarra suena como el polvo que se arrastra por el desierto. Dos notas y ya estoy allí, caminando por el paisaje tejano, con americana y gorra de béisbol, felizmente amnésico.

Es una película de transformaciones, de crecimiento:

  • Travis ( Harry Dean Stanton): la reconstrucción de su identidad perdida a través de la reconstrucción de su memoria olvidada. Comienza vagando sin rumbo por el desierto, luego sigue caminos de tierra, las vías de un tren, una carretera de asfalto y, finalmente, conduce por la autopista. Su determinación se va afianzando.
  • Asimismo, Travis se transforma de un desconocido al padre de Hunter.
  • La presencia de Jane (Nastassja Kinski) se nos revela poco a poco. Primero, la vemos en una cinta de Super 8; luego, en una fotografía; después, aparece en un escorzo, luego de espaldas, hasta que, finalmente, se da la vuelta y se hace la luz.

El punto álgido de la película (y de la filmografía de Wim Wenders) está en los dos encuentros entre Travis y Jane en el club de peep show. La habitación está dividida en dos espacios separados por un cristal unidireccional: solo él puede verla a ella.

En el primer encuentro vemos los dos espacios separados, como dos espacios inconexos, imposibles de comunicar. Nunca vemos un espacio desde el otro. Son dos mundos aparte. Travis no revela su identidad, no soporta el dolor y abandona.

En el segundo encuentro todo es diferente. Vemos un espacio desde el otro. Enseguida Travis se da la vuelta para dar la espalda al espejo y estar en igualdad de condiciones. Empieza a contar su historia. Técnicamente, es un monólogo, pero las reacciones en la expresión facial de Jane a lo que dice Travis lo convierten en un diálogo. Las sinceras palabras de Travis conducen a la cámara desde el habitáculo de él hasta romper la barrera que les separa y ofrecernos un primer plano de Jane.

En un momento clave, Travis dirige el flexo a su cara y se acerca al espejo. Sus reflejos se superponen. No se puede expresar mejor la idea de que, antes de ser perdonados, debemos perdonarnos a nosotros mismos.

Entonces, Jane apaga la luz para ver mejor a Travis. Sí, apaga la luz para ver. Travis ha renunciado al privilegio voyeurista del cristal, y Jane, por primera vez, puede observarlo y comprenderlo.

SPOILER

Travis es un homenaje de Travis Bickle de Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976). Los dos son outsiders con la necesidad de salvar a la mujer de un vínculo opresivo. Tras cumplir su cometido, ambos vuelven a quedarse al margen. Bickle regresa a su taxi y Henderson se pierde en el horizonte.

Nuestro Travis encuentra a su familia, pero la vuelve a perder, esta vez no por locura, no por celos, sino por sacrificio. Renuncia a Jane por el futuro de Hunter. Los pierde por amor a ellos.

Todos los fotogramas de Paris texas (1984), Wim Wenders © Road Movies

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