Ossessione (Obsesión, Luchino Visconti,1943)

Ossessione es, discutiblemente, la primera película del Neorealismo italiano, movimiento que se caracterizó por retratar la realidad social y económica de la posguerra con un enfoque crudo y naturalista.
En este melodrama, opera prima de Luchino Visconti, Gino (Massimo Girotti), un vagabundo, inicia un romance con Giovanna (Clara Calamai), la dueña de una posada, mientras planean deshacerse de su anciano esposo. En el primer encuentro podemos predecir una atracción animal entre ellos, y los maullidos de los gatos en celo de fondo sirven como una primera pista. El fotograma analizado aparece cuando Gino reúne el valor para ir a la posada ya vacía, cierra la puerta con llave y se dirige a la cocina. La cámara sigue a Gino en un travelling circular, para posarse detrás de su hombro (cámara subjetiva) y capturar la reacción de Giovanna al verlo. ¿Empezará a gritar pidiendo auxilio? ¿Se lanzará a sus brazos apasionadamente? ¿Mostrará indiferencia?
Giovanna tiene una reacción imperceptible, pero llena de significado: de perfil, apoya las manos en la mesa, planta la punta del pie en el suelo y ladea el talón. Un gesto simple y sutil, pero con una clara actitud de mostrarse solícita.
Ví Ossessione por primera vez en los lejanos años ochenta y me quedé con ese gesto. De hecho, lo busqué en bares, discotecas y fiestas privadas, pero sin éxito. Entraba en locales mirando el suelo cual fetichista de pies, pero ni rastro del gesto de entrega. A los veinte años, pisas fuerte pero sobre arenas movedizas. Vistes la arrogancia del que aún no sabe que no sabe nada. Yo me «ossessioné» con el talón solícito, pero el mundo ya entonces no estaba para sutilezas. Todo eran miradas explícitas, sonrisas obvias y palabras sin misterio.
Eran tiempos en los que triunfaba Nueve semanas y media (Adrian Lyne, 1986) y toda la pirotecnia del strip-tease que siempre me ha causado una sensación incómoda, como de seducción forzada. De hecho, no me gustan las escenas de sexo en películas. Me parece muy obvio que son dos actores pasando un mal trago: el protagonista fingiendo excitación y el actor disimulándola. Si queremos mostrar la intimidad entre dos personas ¿qué mejor que no mostrar nada? Una mirada, a lo sumo un beso apasionado, y un fundido a negro para pasar a la imagen de la protagonista con el pelo alborotado, mal abrochándose la camisa de él que enciende un cigarro en segundo plano. ¿Hay algo más sugestivo e íntimo que una elipsis?¿Hay algo más excitante que lo que imaginamos? Las escenas de sexo en películas mainstream son tan inadecuadas como un soliloquio shakespeariano en una película porno. Hay excepciones a esta regla: si la escena en cuestión hace avanzar la trama, si nos muestra algún tipo de reacción o emoción imposibles de mostrar en otro contexto, o si la protagonista de la escena es Monica Bellucci.
Yo buscaba un talón ladeado… y solo encontré un billete de 500 pesetas, algunas monedas y alguna cebolleta sin explotar.

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